lunes, 23 de abril de 2012

La generación del 27.

Generación del 27.


Se conoce con este nombre al grupo de poetas españoles del siglo XX, se dieron a conocer en el años 1927, gracias al homenaje al poeta Luis de Góngora, que se realizó en ese año en el Ateneo de Sevilla por el tercer centenario de su muerte, en el que participaron casi todos las personas que se consideraban miembros del grupo. 


La nómina habitual del grupo poético del 27 se limita a diez autores: Jorge Guillén, Pedro Salinas, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Manuel Altolaguirre y Emilio Prados.


Pedro Salinas. 


Pedro Salinas Serrano (Madrid, 27 de noviembre de 1891 – Boston, 4 de diciembre de 1951) fue un escritor español conocido sobre todo por su poesía y ensayos.  
Define la poesía como un ahondamiento en la realidad, «una aventura hacia lo absoluto. Se llega más o menos cerca, se recorre más o menos camino: eso es todo». Reduce a tres los elementos de su creación: «Estimo en la poesía, sobre todo, la autenticidad. Luego, la belleza. Después, el ingenio» Y en efecto, en Salinas el sentimiento y la inteligencia se hermanan de modo singular: cada uno permite ahondar en el otro. De ahí que, según Leo Spitzer, la principal característica de su arte consista en el «conceptismo interior», que se manifiesta en paradojas y condensación de conceptos. Prefiere los versos cortos y sobre todo la silva, y renuncia casi siempre a la rima. La aparente sencillez de sus versos hizo que Lorca les llamase prosías.

 


La voz a ti debida.


No quiero que te vayas 
dolor, última forma 
de amar. Me estoy sintiendo 
vivir cuando me dueles 
no en ti, ni aquí, más lejos: 
en la tierra, en el año 
de donde vienes tú, 
en el amor con ella 
y todo lo que fue. 
En esa realidad 
hundida que se niega 
a sí misma y se empeña 
en que nunca ha existido, 
que sólo fue un pretexto 
mío para vivir. 
Si tú no me quedaras, 
dolor, irrefutable, 
yo me lo creería; 
pero me quedas tú. 
Tu verdad me asegura 
que nada fue mentira. 
Y mientras yo te sienta, 
tú me serás, dolor, 
la prueba de otra vida 
en que no me dolías. 
La gran prueba, a lo lejos, 
de que existió, que existe, 
de que me quiso, sí, 

de que aún la estoy queriendo.



El tema de este poema, como en otros muchos de Salinas es el amor. En éste, el autor se refiere al dolor que se siente a la par que al amor. Hace numerosas antítesis entre estos sentimientos, relacionándolos y dándonos a entender que el quiere sentir ese dolor, para sentir con él amor, como si el dolor le gustara por que conlleva el amor. En el poema, Salinas nos dice que el amor supera el tiempo, como si sobreviviera a el. Para el autor, el amor es algo tan necesario como el mero echo de vivir, como si ese sentimiento fuera su razón de vida. 

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