14 de enero de 1943.
Querido diario:
Otro día más. Otra tortura a la que sobrevivir. Poco a poco la convivencia se hace más difícil. Nos falta el espacio y mis padres no dejan de discutir, mi madre por desesperación y mi padre por impotencia. No podemos hacer nada, solo lo que llevábamos haciendo toda nuestra vida, esperar no ser encontrados y dormir con un ojo abierto por el miedo. Hemos escuchado rumores de los campos de concentración y yo padezco pesadillas, soñando que se llevaban a toda mi familia y a mi con ellos. La única que mantiene una sonrisa es mi hermana Margot, que por no aparentar delante mía demacrada y asustada, me gasta bromas simples y me narra cuentos. Yo los escribo en mi diario para que perduren en el tiempo, ya que mi único deseo es que publiquen este libro. Me desalienta saber que en cualquier momento nos separarán y nos llevarán a sitios diferentes, pero todos encontraremos lo mismo, la muerte. La casa dónde nos escondemos se hace cada vez mas pequeña y le falta el oxígeno.
El otro día, mi madre me gritó por asomarme a la ventana. Vi en su rostro en temor. Poco después mi hermana y yo nos reunimos en su habitación para, según ella, tener una pequeña charla. Me contó que nuestra madre había reaccionado así, por el simple motivo de que había sospechas de que alguien malvado nos había visto y amenazado con delatarnos. El miedo se apodera de mi y me impide seguir escribiendo. Espero poder escribir mañana en esta misma habitación, no en un campo de concentración.
No hay comentarios:
Publicar un comentario